Inclusión educativa y desarrollo de los niños y jóvenes

8
May

Inclusión educativa y desarrollo de los niños y jóvenes

En las últimas décadas una de las cuestiones que ha preocupado más los sistemas educativos de la mayoría de países, desde los legisladores, a la administración, al profesorado ya los padres, ha sido la inclusión en los centros educativos; es decir, promover las condiciones para que todos los niños y jóvenes sean bienvenidos a los centros educativos y encuentren las oportunidades y los apoyos que les permitan alcanzar sus objetivos académicos y personales. Ciertamente desde la declaración de Salamanca (1994), que se centraba fundamentalmente en el alumnado con alguna condición de discapacidad, el concepto de inclusión ha ido evolucionado progresivamente hacia otras condiciones de diversidad y vulnerabilidad asociadas a las dificultades de aprendizaje, los problemas emocionales, la comunicación y el lenguaje y las diversas formas de exclusión social, entre otros.

De hecho se ha hablado y discutido mucho de inclusión educativa desde miradas y enfoques que ponían el énfasis en diversos aspectos o prioridades de acuerdo con la percepción de los diversos autores o grupos. Probablemente la definición que ha tenido más aceptación y eco entre nosotros y todo el mundo es la que se deriva de un modelo ecológico y social de comprensión del desarrollo y, por tanto, que se centra en las dificultades que algunos alumnos encuentran en su proceso educativo; en consecuencia se entiende la inclusión no tanto en función de las características del alumno sino en términos de las barreras a la presencia, participación y éxito que algunos alumnos, por diversas razones, tienen que enfrentarse a lo largo de su escolaridad (Booth & Ainscow, 2002). El foco pues se pone en las condiciones de los entornos de aprendizaje (aula, escuela) presentes en las políticas, culturas y prácticas.

En línea con esta comprensión ecológica y social de la inclusión educativa, en esta breve reflexión, quisiera centrar la atención en las consecuencias para el desarrollo de los alumnos. No basta con estar presente en la escuela (being there) sino que lo que se convierte en crítico es la participación (being active) y el compromiso (engagement) de todos los alumnos en las experiencias de aprendizaje y en la relación con los compañeros y adultos.

En efecto, el que parece tener efectos favorables para el desarrollo de todos los niños y jóvenes, y por lo tanto se convierte en indicador de calidad de la inclusión educativa, es la capacidad de los centros educativos de ofrecer oportunidades para que todos los alumnos puedan implicarse en el aula, en la escuela, en actividades significativas, participar y relacionarse con sus compañeros y los adultos.

Desde esta perspectiva el que es prioritario es la calidad de las medidas universales en el aula dirigidas a todos los alumnos, que contemplen varias oportunidades y niveles de exigencia y logro por parte de los alumnos. Sólo participando, los alumnos aprenden; sólo aprendiendo, progresarán y serán respetados. El futuro de la inclusión educativa está indisolublemente asociada a la mejora de la escuela, a la calidad de la oferta educativa, a la transformación de las prácticas. Ciertamente hay alumnos que necesitan medidas (soportes) adicionales y otros alumnos más intensivos y personales que no pueden en ningún caso menospreciar. La historia, sin embargo, nos ha mostrado de manera clara que más de treinta años invirtiendo tiempo y esfuerzos para elaborar programas dirigidos a los alumnos (PDI, PI…) no se ha revelado en general como una medida que haya permitido la transformación e innovación de las prácticas educativas en las escuelas. A menudo estamos donde estábamos, con las mismas dudas y las mismas preguntas. Las medidas individuales no transforman el sistema, con independencia de que puntualmente algunos alumnos se hayan podido beneficiar.

Concretar este cambio de mirada que pone el foco en la transformación de las condiciones en el aula, al crear oportunidades para que todos los alumnos puedan participar y ser valorados, y que supone repensar las funciones de los apoyos personales (tutores, especialistas, cuidadores, etc.), es ahora el desafío para progresar en la educación inclusiva, para construir una escuela para todos los niños y jóvenes.

Climent Giné

Facultad de Psicología, Ciencias de la Educación y del Deporte, Blanquerna. URL.

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