Incluir hombres y mujeres: la coeducación

23
May

Incluir hombres y mujeres: la coeducación

A pesar de los muchos progresos que se han hecho en relación a la igualdad entre hombres y mujeres en nuestra sociedad, nos queda todavía mucho camino para hacer. Todos los indicadores que podemos utilizar para conocer las posiciones relativas de hombres y mujeres en las instituciones, en el ámbito laboral, en la posesión de recursos, en el ámbito del arte o de la comunicación, nos muestran que la desigualdad persiste, a pesar de que en términos educativos las mujeres ya sobrepasan los niveles logrados por los hombres. Hay factores ocultos que mantienen y reproducen las desigualdades; unas desigualdades que suponen un enorme coste social, tanto por la no utilización del talento femenino como por la sobrecarga que las mujeres soportan cuando se considera quién lleva a cabo el trabajo socialmente necesario, que consta tan del trabajo de mercado como del trabajo doméstico.

Después de años de llevar a cabo investigaciones diversas a las escuelas e institutos, hay una ancha evidencia empírica sobre cuáles son estos factores ocultos. Estamos en una sociedad y una cultura androcèntrica, que valora más aquello que hacen los hombres que aquello que hacen las mujeres, incluso cuando hacen el mismo trabajo. Y esta cultura se reproduce, porque se transmite a las nuevas generaciones mediante un conjunto de estereotipos, las consecuencias de los cuales a menudo son inconscientes, que marcan fuertemente a las criaturas, haciéndolas adoptar actitudes y comportamientos diferenciados por el hecho de pertenecer a un sexo o el otro. Haciéndolos adoptar unos comportamientos de género que ahora no corresponden a las necesidades de nuestra sociedad y por lo tanto sueño negativos tanto para ellos cómo para ellas. Y que, además tienden a construir y perpetuar una jerarquía de géneros que encontramos implantada en las criaturas entre los 3 y 4 años, y que hace que ya en esta edad los niños rechacen con desprecio todo aquello que es atribuido a las niñas y ellas empiecen a interiorizar su inseguridad y su papel secundario en la sociedad.

La educación ha contribuido a avanzar en este terreno, pero aquello que se hace en este momento es todavía insuficiente. Hay que ir más lejos e implantar la coeducación, entendida no como escuela mixta, que en términos general ya lo es, sino como cambio de modelos culturales, en todos los centros educativos. Sólo de este modo podemos pensar al ir erradicando problemas tan graves como la violencia machista o como la inferioridad social de las mujeres que encara hoy podemos percibir.

Marina Subirats

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