¿Es posible la escuela inclusiva...?

8
May

¿Es posible la escuela inclusiva…?

 

Esta es la pregunta con la que Josep María Jarque provocaba el debate el primer día en que nos encontramos de nuevo en la sala de espera de la Dirección General de infantil y primaria, invitados a hacer aportaciones al borrador de Decreto sobre la escuela inclusiva que el Departamento de Enseñanza quería iniciar. Él estaba convencido de que era posible, a pesar de la crítica feroz que hacía a las decisiones tomadas por el mismo departamento en los últimos ocho años.

José María fue uno de los profesionales más influyentes en el desarrollo de la escuela inclusiva en Cataluña de los últimos 40 años. Lo conocí al principio de mi proceso de trabajo en Terrassa al CPT Fatima (Familias Agrupadas por Tutelar la Infancia Menos Apta), él hacerse cargo del proyecto que le hicieron los fundadores del centro.

CPT Fatima, representa una innovación en muchos aspectos. Significado sólo la que ha sido su propuesta de siempre. La superación del modelo médico y la atención multiprofesional de las personas discapacitadas. Fátima, se convirtió no sólo en un referente para Cataluña, sino también en España.

Pedagogo innovador y terapeuta Josep María Arque y Jutglar, no tuvo el título de maestro hasta el año 1970. Me contaba riendo como en los años 60 para negarse a hacer los 15 días de servicio a la «falange», no le dieron el título. A pesar de la «falange», José María se doctoró sin pasar por la Universidad. Su estancia en el Departamento de Enseñanza como Jefe del Servicio de Educación Especial entre 1980 y 1987, representó un hito básico. En primer lugar para conseguir situar el modelo de la atención a la discapacidad dentro del modelo educativo. La educación especial es con él de pleno derecho dentro del sistema educativo y se inicia un cambio de paradigma, que nos lleva primero de los procesos de integración en los años 80 hasta la actual propuesta de decreto de escuela inclusiva, en segundo lugar para la construcción de una red de servicios entre ellos los primeros cinco Equipos multiconfesionales Vic, Terrassa, Sabadell, Mataró y Sant Andreu en Barcelona que con el tiempo transformaron en los actuales EAPS.

Se inicia un cambio legislativo y normativo muy importante, que se refleja en que el 67% de los alumnos con NEE están escolarizados en 1995.

Las tensiones internas y externas por la rapidez de los cambios y su estado físico lo llevaron a ser sustituido, más adelante recibe la cruz de San Jorge de la Generalidad de Cataluña por el trabajo desarrollado.

A pesar de ser fuera del sistema el trabajo científico y creativo del Josep María no tiene límites. Hay propuestas, rayas rojas que no podemos dejar que salten:

«Hay que avanzar en la coordinación interdepartamental para la atención integral del alumno y para su transición a la vida adulta»

«Hay que impulsar planes y programas socioeducativos con las administraciones locales, como los planes educativos de entorno, que contribuyan mediante el trabajo y el aprendizaje en red a dar continuidad y coherencia educativa en los diferentes espacios educativos del alumnado, con el fin de alcanzar la escolarización inclusiva, el éxito educativo y la cohesión social. »

«Hay que conseguir la participación activa de los padres o tutores legales y, en su caso, también el alumno»

A menudo las coincidencias nos hacían defender propuestas conjuntas sin hablarlo con anterioridad, esta era una de ellas:

«La escolarización de los alumnos con necesidades educativas especiales se hará atendiendo a su plan individualizado tal como determina el artículo 10 de esta disposición y de acuerdo con el proceso de admisión vigente. Todos los alumnos con necesidades educativas especiales escolarizarán en centros ordinarios según lo establecido en las directrices internacionales, la Ley de Educación y el artículo 14 de este decreto. Y excepcionalmente en centros de educación especial si los padres o tutor legal así lo piden y, si las conclusiones de la evaluación psicopedagógica dictaminan que se trate de un alumno o de una alumna, con necesidades educativas especiales derivadas de limitaciones severas y profundas del funcionamiento intelectual y de la conducta adaptativa que requieren medidas y soportes, que todavía no se pueden ofrecer en los centros docentes ordinarios »

Añadía, «cuando se puedan ofrecer estas medidas en los centros ordinarios eso habrá que cambiarlo». Como advirtiéndome que debería estar atento a los cambios que la práctica educativa vayan produciendo.

Así durante días fuimos opinando y proponiendo en un espacio abierto a la opinión e insinuando una propuesta de modelo que a todos nos gustaba especialmente a José María.

Me gustaba su tozudez a repetir las cosas que creía importantes, como mostrando una cierta desconfianza con los que estábamos a su alrededor. «La escuela inclusiva no tiene nada que ver con la inclusión educativa. La escuela inclusiva exige que “los proyectos educativos de los centros deben considerar los elementos curriculares, metodológicos y organizativos para la participación de todos los alumnos en los entornos escolares ordinarios, independientemente de sus condiciones y capacidades” (art. 46.2 de la LEC ). Así pues, en una escuela inclusiva, hoy y hace treinta años, el alumno con necesidades educativas especiales es un alumno más ». Es cierto, pero todos sabemos de las dificultades de la escuela para hacerlo, todos sabemos de los posicionamientos de maestros y familias ante la atención a la diversidad, todos sabemos de la presión del sistema privado o de ciertos sectores de salud para sacar de la escuela todo lo que creen poder hacer ellos. Y finalmente tos sabemos de la facilidad que tienen los centros a ceder competencias al otro, si el otro soluciona el problema o cómo de fácil es segregar diciendo que incluyes.

Era fácil que en el diálogo que manteníamos, salieran autores y/o profesores que representaban hoy las nuevas opiniones: Estaba muy de acuerdo con lo que decía en Roger Slee, “la educación inclusiva, no es una especie de nueva educación especial. Sino una forma de luchar contra el fracaso y la exclusión y una clara denuncia de la pobreza y de las condiciones de inferioridad de buena parte de la población, así como de la indiferencia colectiva, que los que no sufren muestran ante del sufrimiento ajeno”. La escuela inclusiva es pues, ante todo y sobre todo, una posición política, un proyecto ético. O de las opiniones de Gordon Porter en cuanto a la última venida a Barcelona dijo aquello de «Tome los recursos de la escuela especial y ponerlos al servicio de la inclusión», «tiene razón, estamos haciendo un mal uso de los recursos que tenemos, pero yo creo en la escuela catalana. Y será inclusiva, seguro Jaume…

 

Jaume Francesch Subirana

President ACPO

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